Mención honorífica del concierto:
El concierto estuvo fenomenal, en verdad buenísimo. Ya era fansss de La Manta, pero no había tenido oportunidad de escucharlos en vivo. Tienen un rollo que me llama mucho la atención en la banda creativa y que, para variar, no sé cómo describir. No me parecen forzados o que se hayan tenido que adaptar al concepto de lo que querían lograr, sino que, por el contrario, tuvieron la buena fortuna de conocerse desde sus muchas latitudes y tradiciones musicales y saber que todos iban por el mismo camino. Mucha gente, casi todos, simplemente camina mirando al piso, sin darse cuenta de si hay más gente que va por el mismo rumbo.
En fin, me gustó mucho el concierto, en verdad. Me reí con los bailes, lloriquié un poco al recordar nuestro contexto social, me llené de esperanza y me fui con el corazoncito inflamado de gusto.
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| Acá muy sonrientes, los mushashos. |
Como les decía, me quedé casi toda la noche a ver películas. En parte porque tenía muchas ganas de hacerlo, en parte porque tenía problemas para dormirme. Total que empecé con Blue Jasmine, de Woody Allen (2013). Seguí con Shame, de Steve McQueen (2011). Luego me eché Drive, de Nicolas Winding Refn (2011) y terminé con Jagten, de Thomas Vinterberg (2012).
Vaya que terminé con el estómago hecho papilla. No por otra cosa, sino por la sobrecarga emocional.
Había escuchado comentarios de que Blue Jasmine era tremendamente inferior a Midnight in Paris, así que vi la película un poco con ese filtro. Qué equivocada estaba. Qué equivocadas estaban todas las personas que me dijeron algo similar. Sin duda se trata de películas muy distintas, las dos igual de chidas. Mientras que Midnight tira más a la comedia romántica, Blue cuenta lo que pasa después del final feliz, cuando la protagonista -cuya awkardness nos parece tan coqueta en la primera parte- se queda en la ruina por las estafas y mentiras de su marido, dando pie al caudal de neurosis que en realidad posee, y cómo ello la va segregando de su propia vida. Las actuaciones fantásticas también y el soundtrack chido.
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| ¿Identificados? |
Contrariamente al caso anterior, no sabía qué esperarme de Shame, a excepción de que estaba entre mis recomendaciones de Netflix y que tenía 4.5 estrellas de calificación inicial. Dije What the hell y la puse. Sólo diré que no pude evitar en algunas ocasiones, dentro de la madrugada profunda, cuasigritar un Noooo meeee joooodaaaaaas o de plano lagrimear. La película va de un sujeto que tiene una adicción al sexo y que no sabe lidiar con ella porque, básicamente, no sabe lidiar con humanos, entendiéndose así que el miedo realmente es a la intimidad y cómo no saber lograrla con otro ser viviente. La fotografía, chingona para no variar, habla mucho más que los personajes. Hay planos medios o close ups muy pinche sórdidos, que dan cuenta del mundo interior del personaje. Mi escena favorita es justo esta:
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| Sí, ésta es la cara de orgasmo del personaje de Fassbender. |
En esta secuencia Brandon, el personaje, está en medio de un trío -quite explicit- y justo cuando está a punto de llegar al orgasmo voltea hacia la cámara, la cual se desenfoca un poco y muestra, vis à vis, en unos segundos gesticulativos, todo el problema de Brandon y de la película: la serie de emociones que transitan por el personaje hasta diluirse en el vacío que lo invade. He de confesar que cuando sentí la mirada fija de Fassbender, se me cayó la cara de la impresión.
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| Dramatización. |
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| "Tómame una foto así como que no me doy cuenta" |
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| My poor thing. |






